El Entrenador de fútbol no debe ser una máquina de dar indicaciones. También debe ser alguien que enseñe valores.
Ya era crack dentro de la cancha. Con su talento, partido tras partido deslumbraba los ojos de los amantes del fútbol. También, demostraba su gran personalidad, con valores que hoy en día carecen, y mucho.
En nuestro país es característica la sospecha, las suspicacias o acusaciones. Sobran los ejemplos. Pero nombrando a uno, Aimar fue víctima de esto cuándo, supuestamente, "se dejó" golear por Ecuador para devolver un favor de hace -atentos- dos años atrás.
El tema, para la desgracia de esos acusadores seriales, es que Pablo Aimar tiene una carrera limpia y ajena a cualquier tema extrafutbolístico. Él siempre fue de los impulsores para frenar la violencia en el Boca-River, en conjunto a Juan Román Riquelme. Ninguna acusación infundada podría mancharlo.
Pasó un nuevo certamen para las Juveniles de la Selección, más precisamente para la Sub-17 que él dirige, y volvió a demostrar su grandeza. Entiende que los chicos, antes de ser jugadores, son personas. Es abanderado del Fair Play, consuela al equipo perdedor, aunque esto enoje a tantos.
Prefiere dejar marcas con hechos que con palabras, le fascina ser formador, eso que tanto extrañaba la Selección tras la partida de Pékerman y la danza de nombres que pasaron en los últimos años. Los chicos lo quieren, admiran y respetan porque sienten que Aimar los comprende.
Protege a sus jóvenes promesas, no les exige de más, y por eso quizás recibe golpes como el 2-3 ante Paraguay, en el último Mundial de Brasil. Sin embargo, él sigue estando allí con ellos, seguramente enseñándoles que el fútbol no es vida o muerte, y menos a su edad.
Hay que protegerlo también a él. Argentina emprende nuevos pasos en sus categorías juveniles, y Pablo Aimar, por todo lo que transmite y enseña, no puede quedar afuera.
- Francisco Rodríguez - Twitter: @FranRodriguez39